El viaje de volver a Mi

Encuentros con lo Invisible

  • Bajo la cobertura de Dios: una historia de provisión divina

    ¿Alguna vez has experimentado de manera sobrenatural la providencia de Dios?

    No necesariamente porque hayas visto multiplicarse el dinero frente a tus ojos, sino porque, sin saber cómo, lograste salir adelante. Los recursos alcanzaron, las puertas se abrieron y recibiste fuerzas para continuar.

    Y entonces comprendiste que no había sido únicamente por tus propias fuerzas, sino por la provisión divina.

    Hoy quiero compartirte una parte de mi historia.

    Hace algunos años trabajé en Costa Rica para Bridgestone Firestone, una multinacional reconocida internacionalmente y, quizá, una de las mejores compañías en las que he trabajado durante mi carrera como auditora corporativa.

    Era una gran oportunidad profesional. Tenía un buen trabajo, un salario generoso y hacía algo que me gustaba. Sin embargo, mi corazón no estaba en paz.

    En aquel tiempo viajaba constantemente a otras sedes de Bridgestone en Latinoamérica y Estados Unidos. Mi hija tenía aproximadamente cuatro años y, cada mes, debía dejarla durante dos semanas al cuidado de su nana.

    Ella era una señora maravillosa que cuidaba a mi niña con mucho amor. Aun así, dentro de mí se libraba una lucha gigantesca.

    Por un lado, estaba viviendo uno de mis sueños profesionales. Por otro, sentía que estaba sacrificando el tiempo con la persona más importante de mi vida: mi hija.

    Yo le había pedido a Dios que me permitiera ser mamá. Ahora debía trabajar para sostener nuestro hogar, como lo hacen tantas mujeres, pero eso significaba delegar el cuidado de aquel regalo que Él había puesto en mis manos.

    Y eso pesaba profundamente en mi alma.

    Una mañana de 2019 salí a caminar por un bosque cercano a mi casa antes de entrar al trabajo. Mientras caminaba, ya no pude contener las lágrimas.

    Le pedí a Dios que hiciera algo.

    Le dije que necesitaba otro trabajo, que me ayudara con mis gastos y que me permitiera tener más tiempo para compartir con mi hija. Estaba agotada mental y emocionalmente.

    Entonces me atreví a decirle:

    “Señor, sé Tú mi proveedor. Ya no puedo más. No puedo más”.

    Quizá muchas madres han pronunciado alguna vez una oración parecida. Madres que trabajan porque no hay otra persona que pueda cubrir los gastos o sostener la economía familiar. Madres que aman profundamente a sus hijos, pero deben dejarlos al cuidado de alguien más porque no tienen otra opción.

    Regresé de aquella caminata y, aparentemente, nada había cambiado.

    Mis circunstancias seguían siendo las mismas.

    Pero algo dentro de mí sí cambió: ya no me sentía tan cargada.

    Ese día decidí que Dios sería mi proveedor. No sabía cómo lo haría, pero sabía que para Él nada era imposible.

    A partir de aquel momento comencé a confiar en Dios como mi proveedor absoluto. Y así ha sido hasta hoy.

    La provisión sobrenatural no siempre cae del cielo de una manera visible. A veces se manifiesta en los recursos que alcanzan cuando pensábamos que no serían suficientes. Otras veces, en una puerta que se abre, en la ayuda que llega en el momento preciso o en la capacidad que Dios nos da para seguir caminando un día más, aunque todavía no sepamos cómo se resolverán los obstáculos.

    Después de aquella caminata encontré un pasaje que calmó profundamente mi alma:

    “Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo”. Isaías 41:13

    Ese versículo cambió algo dentro de mí.

    Poco a poco dejé de intentar controlarlo todo y permití que Dios fuera verdaderamente mi proveedor.

    No sé cómo lo hace. Lo que sí puedo decir, porque lo he vivido, es que Dios nunca me ha abandonado. Siempre me ha provisto y muchas veces me ha dado incluso más de lo que necesitaba.

    Claro que he sentido angustia. Me he preocupado más de la cuenta y he tenido momentos en los que no sé cómo voy a resolver lo que tengo enfrente. Pero, cuando miro hacia atrás y contemplo todo lo que Dios ha hecho, comprendo que mi provisión ha sido divina.

    Su cobertura ha sido tan grande que muchas veces me sostuvo aun antes de que yo pudiera reconocerlo.

    Hoy, mientras daba gracias a Dios por el cuidado que ha tenido conmigo y con mi familia, comencé a recordar todo lo que he atravesado durante este último tiempo:

    Los gastos inesperados.
    La mudanza de regreso a Costa Rica.
    La salud de mi mamá.
    Mi propia enfermedad.
    La incertidumbre de los nuevos comienzos.

    Y entonces comprendí algo:

    Dios había estado ahí, en cada paso.

    Cuando tuve miedo.
    Cuando no veía la salida.
    Cuando las fuerzas parecían agotarse.

    Incluso cuando yo no lograba reconocerlo, su mano seguía sosteniéndome.

    Aun así, he seguido adelante.

    Pero no porque yo sea demasiado fuerte ni porque sea la Mujer Maravilla.

    He seguido adelante porque Dios ha sido mi sostén, mi proveedor y mi Padre. Él me ha llevado de la mano durante todo este proceso.

    ¿Cuántas veces Dios también te ha llevado de la mano?

    ¿Cuántas veces ha provisto para tus necesidades y, en medio de la preocupación, no te has detenido a reconocerlo?

    ¿Cuántas veces te ha cubierto con sus alas en lo económico, lo emocional y lo espiritual, sin que siquiera te dieras cuenta?

    Esa es mi reflexión de hoy: mirar hacia atrás, recordar todo lo que Dios ha hecho y agradecerle.

    Escribir estos textos es también mi manera de decirle cuánto agradezco su fidelidad. Y si mis palabras resuenan en alguien que hoy necesita recordar todo lo que Dios ha hecho en su vida, entonces compartir mi historia habrá valido la pena.

    No sé cuál es ese “número mágico” que necesitas ver en tus finanzas para sentir tranquilidad. Lo único que puedo decirte es que Dios ha sido inmensamente bondadoso y generoso conmigo.

    En medio de cada desafío, Él ha sido mi proveedor. Y sé que también puede ser el tuyo.

    No siempre conoceremos el “cómo”.

    Y quizá no necesitemos conocerlo.

    Lo único que necesitamos recordar es que Dios es fiel. Su fidelidad atraviesa cualquier muralla y su ayuda llega cuando más la necesitamos.

    Hoy quiero dejarte una pregunta:

    ¿Alguna vez has necesitado que Dios intervenga en tu vida, en tus finanzas o en tus circunstancias y se convierta en tu proveedor?

    Si tu respuesta es sí, bienvenida a El Viaje de Volver a Mí.

    Esta también es mi historia de vida y hoy quise compartirla contigo.

    Por que cuando miro hacia atrás y veo todo lo que Dios ha hecho , no puedo evitar decir:

    “Hasta aquí nos ayudó Jehová”.
    1 Samuel 7:12

    Gracias por leerme.
    Gracias por formar parte de esta comunidad y de este viaje de regreso al alma, a la fe y a la esperanza.

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  • La obediencia y la promesa

    Hay momentos en la vida en los que Dios nos invita a detenernos, mirar hacia atrás y reconocer todo lo que Él ha hecho en nuestro camino. Hoy fue uno de esos días.

    Después de casi un año de cambios profundos y decisiones que transformaron por completo mi vida, tuve la oportunidad de reencontrarme con una querida amiga costarricense que vive en Arizona. Ella vino de visita a Costa Rica junto a su hermosa hija, quien además es amiga de mi hija, Aby.

    Compartimos una tarde llena de recuerdos. Reímos, recordamos anécdotas y volvimos, por un instante, a aquellos años en los que viví en Arizona. Hablamos de Prescott Valley, de Tempe, de Phoenix, de los lugares que marcaron una etapa muy importante de mi vida. En ese tiempo, Lore era prácticamente mi única amiga costarricense en Estados Unidos. Su amistad fue un regalo de Dios en medio de una época de grandes cambios.

    Mientras conversábamos, comprendí que Arizona fue mucho más que un lugar donde viví. Fue el escenario donde Dios comenzó una profunda obra en mi corazón.

    Muchos piensan en Arizona y lo primero que imaginan es el desierto. Yo también lo veía así al principio. Sin embargo, con el paso del tiempo entendí que Dios también habla en el desierto.

    Fue allí donde descubrí Su grandeza en medio de paisajes inmensos y cielos infinitos. Aprendí a escuchar Su voz, pero también aprendí a abrazar Su silencio. Y, aunque parezca contradictorio, fue precisamente ese silencio el que más transformó mi vida.

    En esos momentos comprendí que Dios no siempre responde de la manera que esperamos, pero nunca deja de trabajar en nuestro corazón.

    Uno de los mayores aprendizajes que recibí fue entender el verdadero significado de la obediencia.

    Como seres humanos hacemos planes. Soñamos, organizamos nuestro futuro y luchamos por alcanzar aquello que creemos mejor para nosotros. Sin embargo, muchas veces Dios tiene un propósito mucho más grande del que somos capaces de imaginar.

    La Escritura lo expresa con una sencillez extraordinaria:

    «Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados.»
    Proverbios 16:3

    Con el paso de los años he descubierto que obedecer a Dios no siempre es sencillo.

    La obediencia muchas veces nos lleva por caminos que no entendemos, nos invita a renunciar a la comodidad y nos enfrenta a decisiones que desafían toda lógica.

    El año pasado tuve que tomar una de las decisiones más importantes de mi vida.

    Podía permanecer en un lugar donde me sentía segura, donde todo parecía estable y predecible, o podía responder al llamado que Dios estaba poniendo en mi corazón.

    Elegí obedecer.

    No fue una decisión impulsiva ni fácil. Significó dejar atrás una aparente estabilidad para caminar hacia lo desconocido.

    Y, para ser completamente honesta, todavía sigo caminando en ese territorio donde no siempre conozco el siguiente paso.

    Hay días en los que surgen preguntas. Días en los que aparece el miedo. Días en los que la incertidumbre quiere ocupar el lugar de la paz.

    Pero en medio de todo eso hay una verdad que permanece inquebrantable:

    Dios nunca me ha abandonado.

    He aprendido que la fe no consiste en tener todas las respuestas, sino en confiar en Aquel que sí las tiene.

    No necesito conocer todo el mapa cuando camino de la mano del Autor del camino.

    Quizá tú también estés atravesando un valle.

    Tal vez estás enfrentando una decisión difícil, esperando una respuesta o caminando por un sendero que parece incierto.

    Si ese es tu caso, quiero decirte algo que nace desde mi propia experiencia:

    Confía en Dios.

    Aunque no entiendas el proceso.

    Aunque no veas el final.

    Aunque el miedo quiera convencerte de volver atrás.

    Dios sigue siendo soberano.

    Él conoce el propósito de cada paso, incluso cuando nosotros apenas alcanzamos a ver el siguiente.

    Hoy miro hacia atrás y comprendo que muchas de las decisiones que más temor me produjeron fueron precisamente las que Dios utilizó para transformarme, fortalecer mi fe y acercarme más a Su corazón.

    Por eso creo profundamente en la obediencia y la promesa.

    Porque detrás de cada acto de obediencia hay un Dios fiel que cumple lo que promete.

    Quizá Sus tiempos no siempre coincidan con los nuestros.

    Quizá Su camino no sea el que imaginábamos.

    Pero Su voluntad siempre será mejor que cualquier plan que podamos construir por nuestra propia cuenta.

    Gracias por acompañarme en este viaje.

    Gracias por formar parte de esta comunidad donde caminamos juntos de regreso al alma, a la fe y a la esperanza.

    Con cariño,

    Johanna Marín
    El Viaje de Volver a Mí

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  • Cuando la fe se pone a prueba

    “Encomienda a Jehová tu camino, y confía en Él; y Él hará.”

    Hay momentos en los que nuestro corazón se llena de dudas. Aunque tengamos fe y aun cuando sabemos, en lo profundo, que Dios tiene el control de todo, la duda entra como un enemigo silencioso en nuestra mente y comienza una batalla entre el control y la fe. Esa fe que nos recuerda que, aunque no veamos y no entendamos lo que está pasando, hay un Dios que tiene todo bajo control y está dispuesto a darte lo que esperas si le crees a Él.

    En la vida pasamos por muchas pruebas. Buscar la presencia de Dios no nos exime de aflicciones, decisiones, batallas o dudas, especialmente cuando hay un silencio en medio de nuestra oración. Ese silencio donde, aun clamando a Dios, no logramos escuchar ni ver una respuesta. Pero es precisamente en ese silencio de Dios cuando debemos aprender a confiar aún más en Su plan para nuestra vida.

    No es fácil creer cuando no hay respuestas claras a nuestro clamor. Pero es ahí, en ese lugar silencioso, donde la fe debe convertirse en escudo y armadura para seguir adelante, dejando que Dios actúe en calma, con esa paz que sobrepasa el entendimiento.
    Soltar la duda es soltar el control. Es desarmar al enemigo que golpea nuestra mente diciéndonos que Dios se olvidó de nosotros, que no hay salida, que no hay esperanza. Pero cuidado: esas dudas no vienen de Dios.
    Dios es luz. Dios es paz. Él nunca abandona. Pero sí nos permite decidir si queremos confiar en Sus planes de bien o aferrarnos a nuestro propio “plan” porque no estamos dispuestos a soltar el control.

    Las batallas espirituales son reales. No son ficción. Son tan reales como el aire que respiramos o el sol de la mañana. Nos agotan el alma, sí, pero es ahí donde debemos buscar la presencia de Dios incansablemente, pidiéndole discernimiento, herramientas y valor para derrotar al enemigo que susurra: “Dios no está contigo”.
    En ese lugar oscuro, el poder y la misericordia de Dios nos sostienen, aunque no tengamos respuestas ni un mapa claro para salir de la tormenta.

    Pedro fue probado. David, Abraham… hombres pilares de la fe. Sus pruebas fueron grandes y sus dudas inmensas, pero algo superó todo: su fe arraigada en el Dios eterno. Ellos decidieron creerle a Dios y no a las circunstancias.
    Así también nosotros, que enfrentamos angustia, dolor, persecución, tristeza o abandono, debemos mantener nuestra fe en el Señor. Aunque se tambalee, aunque parezca poca, aunque sea tan pequeña como un grano de mostaza, esa fe debe ser nuestra luz en medio de la oscuridad.
    Recordemos: Dios tiene la última palabra, Sus planes son de bien y no de mal. Y a veces Él simplemente nos dice: “Estad quietos y ved que Yo soy Dios.”
    No en nuestras fuerzas, sino en la Suya.

    Si hoy estás pasando por el fuego de la duda, quiero decirte que yo también he estado allí. Pero algo dentro de mí me susurró:
    Cree, aunque no veas.
    Cree, aunque no comprendas.
    Cree, aunque nada parezca cambiar.

    Porque para Dios nada es imposible.
    Lo que hoy sueltas y entregas en completa rendición se convierte en semilla, en victoria silenciosa ante los ojos del cielo. Para Dios, es un acto de fe, un acto de confianza profunda.

    Aunque no lo veas en el momento de oscuridad, aun con la fe temblando, recuerda lo que dice Salmos 37:5:
    “Encomienda a Jehová tu camino, y confía en Él; y Él hará.”

    Y si aún te falta fe, escucha Isaías 41:10:
    “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.”

    Confía, aunque no veas.
    Suelta, aunque no entiendas.
    Deja que Dios actúe, porque Su brazo poderoso no se ha acortado. Grande es Su poder.

    Deseo con todo mi corazón que Dios guíe tu alma y te dé la luz y dirección que necesitas para atravesar ese valle de oscuridad llamado duda.

    🤍 Que Dios bendiga tu vida.
    Gracias por leer este blog.
    Gracias por ser parte de este camino y esta comunidad. ✨💛

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  • 🌿La paz que sobrepasa el entendimiento

    Isaías 26:3

    “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado.”

    Quiero comenzar con una declaración de fe y promesa divina:
    “Dios guarda mi corazón en completa paz, porque mis pensamientos y mi alma están fundamentados en Él.”

    Hoy quiero hablarte de cómo Dios nos cuida y protege en todo momento.
    Aun en medio de las decisiones difíciles, de la soledad abrumadora o de los días en que el alma parece rendirse, he visto algo que nunca antes había experimentado: la paz que sobrepasa todo entendimiento.
    Y no, no es solo un versículo bonito o una frase cliché.
    Es una verdad viva y palpable para quienes se sumergen de verdad en la presencia de Dios.

    La vida es tan hermosa como desafiante. Hay momentos en los que sentimos que ya no podemos más, que las pruebas son más grandes que nuestras fuerzas. Pero es justo ahí donde debemos decidir:
    ¿Seguiremos cargando la pesada mochila de la preocupación y la angustia, o dejaremos que Dios tome el control de todo?

    A veces nos sentimos cansados, sin fuerzas, desanimados por los desafíos. Pero dentro de nosotros hay algo que absorbe esos pensamientos negativos: la PAZ.
    Esa sensación sagrada que nos recuerda que, aunque el mundo se agite, no estamos vencidos.
    Los problemas pueden seguir ahí, sí, pero algo dentro de nosotros cambia: la manera en que los miramos.
    Ya no los vemos como gigantes que vienen a intimidarnos, sino como sombras ruidosas carentes de verdad, que solo buscan alejarnos de la confianza en Aquel para quien todo es posible.

    Cuando nuestro corazón, nuestra mente y nuestro espíritu están en Dios, los gigantes se vuelven pequeños.
    Entonces desaparece el miedo y aparece una nueva claridad: la de buscar soluciones con esperanza, creatividad y fe.
    Y es ahí cuando el versículo de Isaías cobra sentido: Él nos llena de calma en medio de la tormenta.

    🌸 Reflexiona hoy:

    • ¿Qué está llenando tu corazón?
    • ¿En quién confías para salir de tus desafíos?
    • ¿Crees de verdad que para Dios nada es imposible?

    Te aseguro que Él tiene las respuestas.
    Yo las encontré en su Palabra, y todas se resumen en una verdad eterna:
    “Nada es imposible para Dios, y todos los que en Él confían jamás serán avergonzados.”

    🤍 Que Dios bendiga tu vida.
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  • De vuelta a mi Padre

    “Hay caminos que solo se iluminan cuando decidimos regresar al Padre.”

    Todos tenemos un padre, un hombre que identificamos como el progenitor de nuestra existencia, al que llamamos papá. Sin embargo, no todos los padres biológicos han sido realmente “padres”. Algunos no han sido el héroe que esperábamos, y es ahí donde quizá se distorsiona la imagen del padre.
    Pero también hay otros padres que sí han sido amorosos, ejemplos a seguir, y nos han hecho sentir profundamente amadas. ¿Cierto?

    Pues bien, hoy quiero hablarte de ese otro Padre, el que nunca falla, el que siempre ha estado ahí, aunque a veces no lo veamos. Ese Padre es Dios.

    Tal vez tú tienes aún a tu padre terrenal contigo, o quizá, como en mi caso, ya partió. Pero nuestro Padre Celestial, Dios, sigue siendo nuestro refugio. Es quien nos ha protegido, disciplinado, abrazado, guiado, sanado, restaurado y bendecido. Nos ha amado de una manera que nadie más en este mundo puede hacerlo.

    Hay una historia en la Biblia que probablemente conoces: la del hijo pródigo. La encuentras en Lucas 15:11–32.
    Es la parábola de un hijo que pide su parte de la herencia, se va y la malgasta en una vida de excesos. Pero lo hermoso de esta historia no es solo lo que pierde… sino a lo que regresa.

    Estos son algunos puntos que me marcaron de esta enseñanza de Jesús:

    1. Pedimos independencia antes de tiempo, sin entender el valor de lo que tenemos.
    2. Desperdiciamos la herencia que Dios nos da: Su presencia, Su propósito, Su favor.
    3. Nos damos cuenta, en medio del vacío, que necesitamos volver.
    4. Tomamos la decisión de regresar a la casa del Padre.
    5. Y Él… nos recibe con amor, con los brazos abiertos, sin reproches.
    6. A veces, otras personas a nuestro alrededor no entienden esto. Juzgan, critican o rechazan nuestra redención, porque no comprenden la alegría del Padre al ver regresar a su hijo que estaba perdido y volvió.

    ¿Sabes qué es lo más hermoso de esta historia? Para mí, es el arrepentimiento.
    Porque el arrepentimiento abre la puerta a la redención. Y Dios no nos espera con desprecio, sino que nos viste con ropas nuevas.
    Esto, para mí, es una metáfora: Él nos reviste de dignidad, de perdón, de identidad.

    La redención es el regalo más valioso. Ser redimidas significa que alguien pagó un precio por nosotras, y ese precio lo pagó Jesús en la cruz.
    Su sangre nos compró, nos restauró, y nos declaró amadas.

    Cuando me vi reflejada en el hijo pródigo —porque en algún momento todas lo somos— entendí que volver a mi Padre ha sido la mejor decisión que he tomado en la vida.

    ¿Y sabes por qué?

    Porque ahora veo a Dios como mi Padre, no como un Dios castigador o severo.
    Pero sabes algo, Sí admito, que alguna vez lo vi, como un Dios castigador… pero ya no.
    Hoy lo conozco como un Padre con un amor eterno, que me ha restaurado desde lo más profundo de mi alma.
    En medio del desierto, descubrí que Dios es mi Papá. Y deseo con todo mi corazón que tú también puedas conocerlo así.

    Hoy lo veo como mi héroe.
    Con amor. Con paz. Con seguridad de que Él está aquí para mí…
    Y espero que también esté ahí para ti.

    Gracias por estar aquí.
    Gracias por leer este blog.
    Que Dios te bendiga, y que nuestro Padre te abrace y cuide de ti.

    
    
    
    
    

  • Tú me viste en mi tormenta.

    ¿Alguna vez has visto cómo se forman las tormentas de arena?

    Las tormentas de arena son fascinantes y sobrecogedoras. En Arizona, estas tormentas —llamadas haboobs— aparecen sobre todo entre junio y septiembre, durante la temporada del monzón. Se forman cuando una tormenta eléctrica colapsa y sus ráfagas descendentes (downbursts) empujan una pared de polvo que avanza rápidamente y reduce la visibilidad a casi cero.

    Este pasado 25 de agosto de 2025 fui testigo de una de las más grandes de los últimos años en el área de Phoenix. Venía del centro hacia Tempe cuando vi la nube oscura avanzar. Alcancé a llegar a casa; desde la ventana observé cómo aquella pared inmensa cubría la ciudad. En segundos, el cielo se volvió naranja y oscuro en pleno día. Fue impactante. Ese haboob afectó Phoenix, Tempe y Chandler, provocó un ground stop en Sky Harbor (international airport), ráfagas de hasta 70 mph en el aeropuerto y picos de 94 mph en San Tan Valley, además de miles de hogares sin electricidad.

    Las tormentas de arena pueden traer vientos superiores a 60–70 mph, polvo fino que irrita las vías respiratorias y visibilidad casi nula; a veces llegan acompañadas de lluvia, rayos y relámpagos. Conducir en esas condiciones es extremadamente peligroso.

    Y quizá te preguntes: ¿qué tienen que ver los haboobs conmigo o con tigo? Mucho. Cuando atravesamos tiempos difíciles, hablamos de tormentas espirituales. Igual que estos fenómenos llegan de forma inesperada para la mayoría, así también llegan ciertas pruebas a nuestra vida. En medio de esas tormentas es cuando más necesitamos estar cerca de Dios.

    Jesús nos dijo en Juan 16:33: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” Esa palabra es mi ancla. He aprendido que, aunque enfrente vientos de más de 65 millas por hora, con Dios no me quiebro: puedo doblarme como la palmera, pero no me rompo, porque mis raíces están en Su Palabra y en Sus promesas.

    Por eso, cuando atravieso una tempestad, le digo a Dios: “Tú me viste en mi tormenta.” Tú me sostuviste. Y aquí sigo, buscando Tu rostro, confiando en que, aunque no sepa cómo se resolverá todo, Tú tienes el control. Con una sola palabra, cesa el viento.

    ¿Y tú? ¿Has vivido alguna tormenta así? ¿Se la has entregado a Dios para que Él sea tu faro en la oscuridad?

    Mi oración es que, como yo, confíes tus tormentas a Él y dejes que Dios te guíe en cada decisión.

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  • Sanando el corazón y el alma

    «No se trata de sobrevivir a nuestras heridas, sino de permitir que la luz de Dios transforme nuestro corazón y alma en libertad y plenitud.»

    Hoy quiero comenzar con una oración de gratitud:
    «Señor, gracias por la sanidad que me has regalado, por abrazar mi corazón en cada noche difícil, y por enseñarme que en Ti encuentro descanso. Amén.»

    Sanar el corazón y el alma no es un proceso fácil ni rápido. Implica reconocer que cargamos heridas, memorias y silencios que pesan más de lo que admitimos. Muchas veces intentamos llenarlos con logros, personas o distracciones, pero nada sacia hasta que nos rendimos al verdadero Médico de corazones: Dios.

    Las heridas del alma suelen esconderse detrás de una sonrisa, pero en el silencio del corazón siguen pidiendo atención. Yo también caminé por esos desiertos, hasta que descubrí que no estaba sola: la luz de Dios me esperaba al final del camino.

    Él es quien conoce la raíz de cada herida y el remedio perfecto para restaurarnos. Fue en ese encuentro con Su amor donde entendí que no se trata de sobrevivir, sino de sanar, perdonar y comenzar de nuevo.

    Hoy camino ligera sin el equipaje pesado que cargue por tanto tiempo, hoy Dios me ha dado una nueva identidad que dice:  

    ✨ Soy amada
    ✨ Soy escogida
    ✨ Soy restaurada
    ✨ Soy bendecida
    ✨ Soy victoriosa

    La Biblia lo confirma:

    📖 “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

    Y deseo con todo mi corazón que tú también experimentes esa sanidad interior que solo Él puede dar.

    🌿 Que este sea tu tiempo de volver a la luz, entregar tus cargas y descubrir la libertad de un corazón sano.

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  • Viviendo en Gratitud

    Amiga del blog ¿hay un sueño en tu corazón por el que aún estás esperando?

    ¿Se lo has entregado a Dios?

    Hubo un tiempo en que soñar con este tipo de viajes parecía muy lejano. No por falta de ganas, sino por lo incierto del camino…
    Pero Dios, en su perfecta fidelidad, ha hecho florecer en nuestra vida cosas que alguna vez fueron solo susurros de esperanza.

    Hace unos meses, estaba planeando un viaje a California para el mes de julio. Quería llevar a mi hija a conocer los delfines, las ballenas y otros animales en el SeaWorld y el Zoológico de San Diego, así como volver al Acuario de Monterey y los hermosos paisajes de Santa Barbara.
    Tal vez parezca algo simple, solo un viaje más… pero para nosotras, no lo fue. Fue un anhelo cumplido por Dios.

    Durante nuestro recorrido por el sur de California, visitamos lugares donde la belleza de la creación me hablaba directamente al alma: paisajes llenos de vida, el mar azul profundo, playas de arena blanca, pueblos de película que parecían sacados de un sueño…
    Tantos momentos que han quedado grabados en mi corazón con tinta de gratitud.

    Este viaje no fue solo un paseo. Fue un viaje de conexión, de comunión con lo invisible, de confianza renovada… Fue ver cumplirse sueños atesorados por años.
    He sido testigo de que Dios cumple sus promesas.
    Me ha concedido los anhelos de mi corazón, tal como dice el Salmo 37:4:

    “Deléitate asimismo en Jehová, y Él te concederá las peticiones de tu corazón.

    Durante varios meses le oré a Dios por este viaje, y especialmente porque durante él, celebráramos el cumpleaños de mi hija. Ella también ha aprendido a agradecerle al Padre Celestial por todas sus bondades y su inmenso amor hacia nosotras.

    Dios es un Padre lleno de amor y bendiciones para sus hijos.
    Y como yo soy hija del Altísimo, Él cuida de mí… incluso de los anhelos más profundos de mi corazón.
    Quiero contarles que yo nunca antes había experimentado cosas como estas, hasta que comencé a confiar más en Él, a entregarle mi vida, mis sueños, mi camino, mi ser.
    Desde que decidí darle el primer lugar, todo ha cambiado. Los desafíos siguen existiendo, pero ahora camino acompañada. He visto cómo Dios ha ido transformando mi vida con un propósito más afinado a su plan. Aunque aún no lo comprendo todo, sé que Él sí lo entiende, y por eso sigo caminando con la mirada puesta en Dios, en Jesús, en el Espíritu Santo…
    Ellos guían mi vida y me ayudan a conectarme con lo divino. Y eso, lo agradezco con todo mi ser.

    Como las olas que llegan a la orilla sin cesar, así ha llegado su amor a mi vida: constante, profundo, perfecto.

    Por eso, hoy solo quiero decir:
    Gracias. Gracias, Dios, por tu amor y tu cuidado hacia mí y hacia mi hija.

    Y tú amiga (o) de esta comunidad … ¿hay un sueño en tu corazón por el que aún estás esperando?
    ¿Se lo has entregado a Dios?
    ¿Le has dado gracias hoy por todo lo que ya ha hecho?

    Te invito a tomarte un momento de silencio para mirar dentro de ti, para hablar con Él, y para agradecer con el alma abierta. Porque, a veces, solo se necesita eso: una oración en gratitud.

    “Jehová ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.” — Salmo 126:3

    Dios te bendiga 🤍
    Gracias por leer este blog.
    Gracias por ser parte de este camino.

    
    
    
    
    

  • Eres muy Amada por Dios

    Y tú… ¿Sientes que eres muy amada por Dios?

    ¿Le has entregado tu camino para que Él guíe tu vida hacia el plan de bien que tiene para ti?

    Escuché un mensaje de Billy Graham que caló en lo más profundo de mi corazón. Hablaba sobre el amor de Dios hacia las mujeres que Él elige para ser procesadas en los desiertos espirituales.

    En ese mensaje, Billy decía cosas que me impactaron hasta las simientes de mi espíritu. Afirmaba que las mujeres procesadas por Dios atravesarían soledad; serían apartadas de todo lo que conocen: familia, amigos, lugares cercanos… en fin, de todo lo que les daba un sentido de “seguridad” y “pertenencia” antes de ser apartadas. Decía que era necesario que esta mujer saliera del ruido de su vida cotidiana, para así poder aprender a escuchar la voz de Dios en medio del silencio del desierto que atraviesa.

    Cuando escuché ese mensaje, me sentí totalmente identificada. Precisamente ahí me he encontrado desde hace algún tiempo.

    El viaje de volver a mí nació desde el silencio, desde el desierto, desde la soledad que he tenido que atravesar para aprender a escuchar la voz que habla en lo invisible: la voz de DIOS.

    El mensaje decía también que Dios, a quien ama, lo disciplina, lo aparta, lo prueba, lo quebranta… para poder hacer con esa mujer una nueva obra. Como el alfarero que moldea una vasija hermosa del barro. Cuando Dios te rompe como a la vasija, no es para dejarte rota, sino para hacerte más hermosa, más fuerte, más valiosa.

    Entonces comprendí: yo soy muy amada por Dios, porque Él me está llevando al lugar donde quiere que esté. Aunque no entienda todo, aunque no vea con claridad el camino, sé que Él está haciendo la obra como el Alfarero.

    Cuando camino a las orillas del mar en Ventura, California, y contemplo la inmensidad de la creación de Dios, me lleno de una paz que no siempre viene de entender, sino de confiar. Aunque no todo esté claro, sé que debo creer que Dios ya ha trazado el mejor plan para mí. La Biblia dice: “Andamos por fe, no por vista”, y eso es precisamente lo que Dios quiere que hagamos: confiar, incluso en medio de la duda, de la niebla, del desafío.

    Suelta el control —es la declaración de Dios a mi alma—
    Camina por fe y no por vista, porque mi amor te sostiene, te guía, te llena de paz.

    Por eso me considero muy amada por Dios: porque Él sabe lo que es mejor, y hacia dónde quiere llevarme.

    Jeremías 29:11 nos recuerda:
    «Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz y no de mal, para daros el fin que esperáis.»

    Aunque tenga mil dudas, aunque no sepa el cómo, el cuándo o el dónde, sé que Dios sí lo sabe. Y con eso, me es suficiente. Me basta para seguir caminando en este viaje de la vida.

    Y tú… ¿Sientes que eres muy amada por Dios?
    ¿Le has entregado tu camino para que Él guíe tu vida hacia el plan de bien que tiene para ti?

    Espero que, como yo, sigas caminando en ese plan que Dios ha trazado para ti. Que su gran amor te envuelva, y que sepas —sin lugar a dudas— que tú también eres muy amada por Dios.

    Y como una vasija en sus manos, Él te llenará de amor, de sanidad, de bendiciones tan grandes que ni tú ni yo podríamos imaginar.

    Dios te bendiga 🤍
    Gracias por leer este blog.
    Gracias por ser parte de este camino.

    
    
    
    
    

  • Dependiento de Dios

    Y tú…
    ¿Estás dependiendo de Dios en medio de tus desafíos?

    ¿Has vivido momentos en los que la ansiedad te ha quitado la paz?

    ¿Te has sentido atrapada en un círculo de ansiedad?

    La vida nos muestra muchos colores y matices en cada etapa. Es una fuente constante de vivencias, desafíos, oportunidades, victorias y derrotas. Pero también es un espejo que, tarde o temprano, nos invita a mirar hacia adentro y preguntarnos con honestidad cómo estamos realmente.

    Hace poco, viendo un programa de historias reales, apareció la del cantante Farruko. Me llamó la atención y decidí escuchar su testimonio. Contó cómo, a pesar de tener fama, dinero y éxito en el mundo del reguetón, sentía un vacío profundo. Relató que un día sintió una presión en el pecho, como una voz interna que le susurraba que algo no estaba bien. Aunque tenía todo lo que el mundo considera valioso, él no era feliz. Decía que no tenía un propósito real. Y en medio de ese desasosiego, fue tocado por Dios. No explicó muchos detalles, pero sí compartió que algo se quebró en su interior, y que, desde entonces, nada volvió a ser igual.

    Me quedé pensando… y llegué a una conclusión: no importa cuán famoso o exitoso seas, todos necesitamos depender de Dios para encontrar verdadero sentido y descanso.

    Al principio de este post hice una pregunta: ¿Te has sentido atrapada en un círculo de ansiedad?
    Mi respuesta es sí.

    En enero del 2025, después de regresar a Arizona tras un viaje a Costa Rica, comencé a vivir días marcados por una ansiedad que se volvió asfixiante. Eran ataques intensos que nublaban mi mente. Lloraba sin razón aparente, sentía que el aire no me alcanzaba, y me invadía una sensación de abandono, tristeza y desesperanza. Todo lo que había construido, de pronto, me parecía vacío. Estaba siendo envuelta por sombras silenciosas que me impedían incluso respirar con paz. Me sentía frágil, como si algo se hubiese roto dentro de mí.

    En medio de esa tormenta, empecé a orar. Le supliqué a Dios que me ayudara porque ya no podía más. Y como si no bastara con lo que llevaba por dentro, ocurrieron dos eventos muy duros que intensificaron mi ansiedad:

    Primero, mi perrita Chloe fue atacada brutalmente por un perro American Stafford Terrier mientras la paseaba cerca de casa. Ella, tan dulce e inocente, terminó con heridas profundas en su cuello. Gracias a Dios, no fue fatal, pero sí muy traumático.

    Poco después, recibimos la noticia de que la abuela paterna de mi hija tenía una enfermedad terminal. Una mujer a la que yo quería mucho… y que falleció semanas después. Ese golpe fue devastador.

    Esos momentos me empujaron aún más al abismo. Me sentía rota. Pero fue en ese lugar, en lo más profundo del dolor, donde comencé a orar de verdad, desde lo más hondo de mi alma. Le dije a Dios:
    «Señor, no puedo más con estos ataques de ansiedad. Necesito tu ayuda, necesito tu intervención divina, porque no me sostengo por mí misma…»

    Y ahí, justo ahí, comenzó a gestarse un cambio. Dios empezó a moverse en el silencio de mi desierto personal. Como en el testimonio de Farruko, algo en mí se quebró, pero no fue destrucción: fue transformación. Me di cuenta de que la raíz de todo era que no estaba caminando dependiendo de Dios, sino de mis propias fuerzas.

    Poco a poco, mis ataques fueron disminuyendo. Mi corazón comenzó a sanar. Dios no solo me escuchó; me sostuvo.

    Hubo dos pasajes bíblicos que iluminaron ese momento:

    🕊 Proverbios 3:5-6:
    «Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas.»

    🕊 Filipenses 1:6:
    «Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús.»

    Estas palabras fueron como agua en medio de mi sequía espiritual. Me recordaron que no estoy sola, que no necesito tener todo resuelto, que no tengo que controlarlo todo. Solo tengo que depender de Dios.

    Desde entonces, he comenzado a vivir de otra forma. Mi viaje espiritual continúa, sin mapa ni hoja de ruta, pero con una certeza: caminar dependiendo de Dios me hace más fuerte, más humana, más empática, más agradecida. Y aunque sigo sin tener todas las respuestas, tengo paz.
    Porque Él me guía, paso a paso, en este viaje de volver a mí.

    Y tú…
    ¿Estás dependiendo de Dios en medio de tus desafíos?
    ¿Has vivido momentos en los que la ansiedad te ha quitado la paz?

    Quizás hoy sea el día para hacer una pausa y preguntarte si necesitas invitar a Dios a caminar contigo.
    Estoy segura de que Él puede ayudarte a volver a ti también.

    Gracias por leerme.
    Gracias por ser parte de este viaje.
    Que Dios te bendiga 🤍