
¿Alguna vez has experimentado de manera sobrenatural la providencia de Dios?
No necesariamente porque hayas visto multiplicarse el dinero frente a tus ojos, sino porque, sin saber cómo, lograste salir adelante. Los recursos alcanzaron, las puertas se abrieron y recibiste fuerzas para continuar.
Y entonces comprendiste que no había sido únicamente por tus propias fuerzas, sino por la provisión divina.
Hoy quiero compartirte una parte de mi historia.
Hace algunos años trabajé en Costa Rica para Bridgestone Firestone, una multinacional reconocida internacionalmente y, quizá, una de las mejores compañías en las que he trabajado durante mi carrera como auditora corporativa.
Era una gran oportunidad profesional. Tenía un buen trabajo, un salario generoso y hacía algo que me gustaba. Sin embargo, mi corazón no estaba en paz.
En aquel tiempo viajaba constantemente a otras sedes de Bridgestone en Latinoamérica y Estados Unidos. Mi hija tenía aproximadamente cuatro años y, cada mes, debía dejarla durante dos semanas al cuidado de su nana.
Ella era una señora maravillosa que cuidaba a mi niña con mucho amor. Aun así, dentro de mí se libraba una lucha gigantesca.
Por un lado, estaba viviendo uno de mis sueños profesionales. Por otro, sentía que estaba sacrificando el tiempo con la persona más importante de mi vida: mi hija.
Yo le había pedido a Dios que me permitiera ser mamá. Ahora debía trabajar para sostener nuestro hogar, como lo hacen tantas mujeres, pero eso significaba delegar el cuidado de aquel regalo que Él había puesto en mis manos.
Y eso pesaba profundamente en mi alma.
Una mañana de 2019 salí a caminar por un bosque cercano a mi casa antes de entrar al trabajo. Mientras caminaba, ya no pude contener las lágrimas.
Le pedí a Dios que hiciera algo.
Le dije que necesitaba otro trabajo, que me ayudara con mis gastos y que me permitiera tener más tiempo para compartir con mi hija. Estaba agotada mental y emocionalmente.
Entonces me atreví a decirle:
“Señor, sé Tú mi proveedor. Ya no puedo más. No puedo más”.
Quizá muchas madres han pronunciado alguna vez una oración parecida. Madres que trabajan porque no hay otra persona que pueda cubrir los gastos o sostener la economía familiar. Madres que aman profundamente a sus hijos, pero deben dejarlos al cuidado de alguien más porque no tienen otra opción.
Regresé de aquella caminata y, aparentemente, nada había cambiado.
Mis circunstancias seguían siendo las mismas.
Pero algo dentro de mí sí cambió: ya no me sentía tan cargada.
Ese día decidí que Dios sería mi proveedor. No sabía cómo lo haría, pero sabía que para Él nada era imposible.
A partir de aquel momento comencé a confiar en Dios como mi proveedor absoluto. Y así ha sido hasta hoy.
La provisión sobrenatural no siempre cae del cielo de una manera visible. A veces se manifiesta en los recursos que alcanzan cuando pensábamos que no serían suficientes. Otras veces, en una puerta que se abre, en la ayuda que llega en el momento preciso o en la capacidad que Dios nos da para seguir caminando un día más, aunque todavía no sepamos cómo se resolverán los obstáculos.
Después de aquella caminata encontré un pasaje que calmó profundamente mi alma:
“Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo”. Isaías 41:13
Ese versículo cambió algo dentro de mí.
Poco a poco dejé de intentar controlarlo todo y permití que Dios fuera verdaderamente mi proveedor.
No sé cómo lo hace. Lo que sí puedo decir, porque lo he vivido, es que Dios nunca me ha abandonado. Siempre me ha provisto y muchas veces me ha dado incluso más de lo que necesitaba.
Claro que he sentido angustia. Me he preocupado más de la cuenta y he tenido momentos en los que no sé cómo voy a resolver lo que tengo enfrente. Pero, cuando miro hacia atrás y contemplo todo lo que Dios ha hecho, comprendo que mi provisión ha sido divina.
Su cobertura ha sido tan grande que muchas veces me sostuvo aun antes de que yo pudiera reconocerlo.
Hoy, mientras daba gracias a Dios por el cuidado que ha tenido conmigo y con mi familia, comencé a recordar todo lo que he atravesado durante este último tiempo:
Los gastos inesperados.
La mudanza de regreso a Costa Rica.
La salud de mi mamá.
Mi propia enfermedad.
La incertidumbre de los nuevos comienzos.
Y entonces comprendí algo:
Dios había estado ahí, en cada paso.
Cuando tuve miedo.
Cuando no veía la salida.
Cuando las fuerzas parecían agotarse.
Incluso cuando yo no lograba reconocerlo, su mano seguía sosteniéndome.
Aun así, he seguido adelante.
Pero no porque yo sea demasiado fuerte ni porque sea la Mujer Maravilla.
He seguido adelante porque Dios ha sido mi sostén, mi proveedor y mi Padre. Él me ha llevado de la mano durante todo este proceso.
¿Cuántas veces Dios también te ha llevado de la mano?
¿Cuántas veces ha provisto para tus necesidades y, en medio de la preocupación, no te has detenido a reconocerlo?
¿Cuántas veces te ha cubierto con sus alas en lo económico, lo emocional y lo espiritual, sin que siquiera te dieras cuenta?
Esa es mi reflexión de hoy: mirar hacia atrás, recordar todo lo que Dios ha hecho y agradecerle.
Escribir estos textos es también mi manera de decirle cuánto agradezco su fidelidad. Y si mis palabras resuenan en alguien que hoy necesita recordar todo lo que Dios ha hecho en su vida, entonces compartir mi historia habrá valido la pena.
No sé cuál es ese “número mágico” que necesitas ver en tus finanzas para sentir tranquilidad. Lo único que puedo decirte es que Dios ha sido inmensamente bondadoso y generoso conmigo.
En medio de cada desafío, Él ha sido mi proveedor. Y sé que también puede ser el tuyo.
No siempre conoceremos el “cómo”.
Y quizá no necesitemos conocerlo.
Lo único que necesitamos recordar es que Dios es fiel. Su fidelidad atraviesa cualquier muralla y su ayuda llega cuando más la necesitamos.
Hoy quiero dejarte una pregunta:
¿Alguna vez has necesitado que Dios intervenga en tu vida, en tus finanzas o en tus circunstancias y se convierta en tu proveedor?
Si tu respuesta es sí, bienvenida a El Viaje de Volver a Mí.
Esta también es mi historia de vida y hoy quise compartirla contigo.
Por que cuando miro hacia atrás y veo todo lo que Dios ha hecho , no puedo evitar decir:
“Hasta aquí nos ayudó Jehová”.
1 Samuel 7:12
Gracias por leerme.
Gracias por formar parte de esta comunidad y de este viaje de regreso al alma, a la fe y a la esperanza.














